Respuesta breve
Lea primero el reverso. En la UE, la lista de ingredientes sigue un orden decreciente de peso hasta el 1 %, y por debajo de esa línea el orden no significa nada. «Hipoalergénico» no tiene definición federal en Estados Unidos y nunca es una garantía en la UE; «testado dermatológicamente» dice quién supervisó un ensayo, no que el producto le vaya a sentar bien. El reloj de arena indica una fecha de duración mínima y el tarro abierto, un plazo tras la apertura. Pruebe antes cada producto en una zona pequeña.
El reverso del envase se escribe según un reglamento
El frente de un envase cosmético existe para vender. El reverso existe porque la ley lo exige. En la Unión Europea, el artículo 19 del Reglamento (CE) n.º 1223/2009 sobre los productos cosméticos enumera lo que debe figurar con caracteres indelebles, fácilmente legibles y visibles: el nombre y la dirección de la persona responsable, la cantidad, una fecha o un plazo de uso, las precauciones, un número de lote, la función del producto si no resulta evidente y los ingredientes.
Lea un producto desconocido en ese orden. Quién responde de él y en qué dirección. Cuánto hay. Cuánto dura. Qué evitar al usarlo. Qué contiene. El número de lote parece ruido, pero identifica la tanda de fabricación, y eso es lo que permite rastrear una reclamación.
El frente tampoco carece de reglas. El artículo 20 del mismo reglamento dice que los textos, las denominaciones, las marcas, las imágenes y otros signos no deben atribuir al producto características o funciones de las que carece. Aun así, una reivindicación es el resumen que la marca hace de su propio producto. Trátela como una afirmación que hay que contrastar con el reverso.
El orden de los ingredientes vale hasta la línea del uno por ciento
En un envase de la UE, los ingredientes aparecen con nombres comunes tomados de un glosario oficial que se apoya en la nomenclatura internacional conocida como INCI, de modo que la lista se lee igual en todos los Estados miembros. El reglamento exige un orden decreciente de peso en el momento en que los ingredientes se incorporan. Después introduce una excepción que cambia la forma de leer la lista: los ingredientes presentes en menos de un 1 % pueden figurar a continuación sin orden.
El principio de la lista le dice, por tanto, de qué está hecho sobre todo el producto. Más abajo, la posición deja de aportar información, y la etiqueta no marca dónde cae la línea del 1 %. Un extracto fotografiado en el frente puede estar en ese grupo final, donde ocupar el noveno puesto en lugar del decimonoveno no dice nada sobre la cantidad.
Unas pocas convenciones explican el resto. Los compuestos perfumantes se escriben como parfum o aroma, y determinadas sustancias de fragancia se nombran aparte cuando el reglamento lo exige. Un nanomaterial va seguido de la palabra nano entre paréntesis. Los colorantes pueden ir al final sin orden, con números CI, y el maquillaje que se vende en varios tonos puede enumerar todos los de la gama tras las palabras «puede contener» o el signo «+/-». La lista puede figurar solo en el embalaje exterior, así que fotografíe la caja antes de tirarla.
«Hipoalergénico» no tiene definición legal en Estados Unidos
La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) es directa con esta palabra. Su página para consumidores afirma que no existen normas ni definiciones federales que regulen el uso de «hipoalergénico», que el término significa lo que cada empresa quiera que signifique y que los fabricantes no están obligados a presentar a la agencia pruebas que respalden esa afirmación.
No es que no lo intentara. La misma página reproduce un artículo de la FDA de 1978 que cuenta cómo la agencia aprobó en 1975 una norma que exigía ensayos comparativos en personas antes de que un producto pudiera llamarse hipoalergénico. Dos fabricantes la impugnaron, y el Tribunal de Apelaciones de Estados Unidos para el Distrito de Columbia la declaró inválida.
Ese artículo dice que no existe el cosmético no alergénico, es decir, uno del que pueda garantizarse que nunca provocará una reacción, y remite a la lista de ingredientes a quienes saben que son alérgicos a alguno en concreto. En una tienda estadounidense, la palabra del frente le dice lo que la marca pretende. La lista del reverso le dice lo que hay en el frasco.
En la UE la palabra tiene condiciones, pero no ofrece garantía
El derecho europeo tampoco define «hipoalergénico». Cuenta con unos criterios comunes que toda reivindicación debe cumplir, establecidos en el Reglamento (UE) n.º 655/2013 de la Comisión, y con un documento técnico sobre reivindicaciones cosméticas (Technical document on cosmetic claims) respaldado en 2017 por un grupo de trabajo que preside la Comisión Europea. El documento advierte de que no es jurídicamente vinculante y de que las autoridades y los tribunales nacionales valoran las reivindicaciones caso por caso. Sus orientaciones sobre esta palabra se aplican desde el 1 de julio de 2019.
Según esas orientaciones, la reivindicación solo puede usarse cuando el producto se ha diseñado para minimizar su potencial alergénico. La persona responsable debe disponer de datos científicamente sólidos y estadísticamente fiables que confirmen un potencial alergénico muy bajo, y mantener actualizada esa evaluación. Los alérgenos conocidos y sus precursores deben evitarse por completo.
Luego viene el límite. El documento afirma que la reivindicación no garantiza la ausencia total de riesgo de reacción alérgica y que el producto no debe dar la impresión de que sí. Por el mismo motivo descarta la mención «sin sustancias alergénicas». Para alguien con una alergia diagnosticada, la palabra acota la búsqueda y la lista de ingredientes decide.
«Testado dermatológicamente» nombra al supervisor, no el resultado
El mismo documento explica lo que un lector puede entender de la expresión. «Testado dermatológicamente» implica que el producto se ensayó en personas bajo la supervisión de un dermatólogo. Según cómo se presente la reivindicación, el ensayo puede referirse a la tolerancia de la piel o a un efecto concreto. Los estudios en los que los consumidores se limitan a comunicar sus propias impresiones no se consideran un respaldo adecuado.
El documento añade que los consumidores esperan que estas reivindicaciones solo se hagan cuando los efectos ensayados son favorables. Cita una sentencia del Tribunal de Justicia de la UE, asunto C-99/01, sobre esta misma expresión: el consumidor medio espera que el producto se haya sometido a ensayos destinados a estudiar sus efectos en la piel, y que los resultados fueran positivos y mostraran que se tolera bien.
Lo que esas palabras omiten es todo lo que permitiría juzgar el ensayo: cuántas personas participaron, qué tipo de piel tenían, cuánto duró. «Clínicamente testado» significa un ensayo en personas bajo la supervisión de un profesional con cualificación médica o científica, conforme a un protocolo clínico o en un entorno clínico. «Tolerancia testada» significa que un estudio supervisado comprobó que un grupo destinatario toleraba bien el producto. Nada de esto describe su piel.
Seis pruebas que toda reivindicación debería superar
Los seis criterios comunes son el cumplimiento de la legislación, la veracidad, los datos que sustentan la reivindicación, la honradez, la imparcialidad y la toma de decisiones con conocimiento de causa. El documento técnico los ilustra. Una reivindicación de «hidratación durante 48 horas» no se admite si las pruebas solo respaldan un periodo más corto. Un producto que dice contener miel debe contener miel y no únicamente aroma de miel.
Dos ejemplos corrigen ideas extendidas. Un producto no puede afirmar que ha sido autorizado o aprobado por una autoridad, porque los cosméticos se comercializan en la UE sin aprobación gubernamental. Tampoco puede presentar el cumplimiento de la ley como una ventaja, ya que todos los productos deben cumplirla. Una exageración evidente que nadie tomaría al pie de la letra no necesita prueba.
Las reivindicaciones «sin» tienen sus propias orientaciones. No deben referirse a un ingrediente que ya está prohibido, y «sin parabenos» no debería aceptarse porque desacredita a todo un grupo que incluye ingredientes considerados seguros cuando se usan como permite el reglamento. La mención es adecuada cuando ayuda a elegir a un grupo concreto: un enjuague bucal sin alcohol para toda la familia o un producto sin ingredientes de origen animal para veganos.
El reloj de arena y el tarro abierto miden cosas distintas
La fecha de duración mínima es la fecha hasta la cual un producto, almacenado en condiciones adecuadas, sigue cumpliendo su función inicial. El artículo 19 exige que vaya precedida de un reloj de arena o de la expresión «utilícese preferentemente antes del final de…», y que se componga del mes y el año o del día, el mes y el año.
Esa fecha no es obligatoria para los productos cuya duración mínima supera los 30 meses. En su lugar llevan el dibujo de un tarro abierto seguido de un plazo en meses o años, impreso por ejemplo como «12 M». El reglamento lo define como el plazo después de la apertura durante el cual el producto es seguro y puede utilizarse sin daño alguno para el consumidor.
El reloj del tarro empieza a contar cuando usted rompe el precinto, y el envase no recordará ese día por usted, así que anote el mes de apertura en la base. Un tercer símbolo, una mano que señala un libro abierto, significa que las precauciones o la lista de ingredientes no cabían en el recipiente y están impresas en un prospecto, una etiqueta o una tarjeta.
Pruebe en una zona pequeña y sepa cuándo parar
Ninguna etiqueta puede decir cómo responderá su propia piel. La Academia Estadounidense de Dermatología recomienda probar antes el producto: aplique la cantidad que usaría normalmente en una zona del tamaño de una moneda donde no se roce ni se lave, como la cara interna del brazo o el pliegue del codo, dos veces al día durante siete a diez días. Deje actuar cinco minutos un producto de aclarado, o el tiempo que indiquen sus instrucciones.
Si pasado ese tiempo la zona no muestra enrojecimiento, picor ni hinchazón, la Academia indica que puede usarlo. Señala que algunos ingredientes, entre ellos el retinol y el ácido glicólico, pueden irritar, sobre todo las pieles sensibles, y que eso es normal y pasajero. Si la piel reacciona, retire el producto con suavidad y no vuelva a usarlo; una compresa fría o vaselina pueden aliviar la zona.
Una prueba casera es una precaución, no un diagnóstico, y nada de lo que dice este artículo constituye un consejo médico. La Academia recomienda acudir a un dermatólogo si la reacción es intensa y no cede, o si no logra identificar qué ingrediente la causa. Un dermatólogo puede indicar pruebas epicutáneas, también llamadas pruebas del parche, un examen médico que encuentra la causa. Cuando ya tiene un nombre, la lista de ingredientes se convierte en una herramienta precisa.
Lista práctica
- Dé la vuelta al envase y localice la persona responsable, el número de lote, las precauciones y la lista de ingredientes antes de leer ninguna reivindicación.
- Recorra toda la lista de ingredientes en busca de aquello a lo que ya sabe que reacciona, no solo los primeros nombres.
- Tome «hipoalergénico» y «testado dermatológicamente» como un motivo para mirar más de cerca, nunca como prueba de que un producto le sentará bien.
- Busque la fecha del reloj de arena o el plazo del tarro abierto y anote en el envase el mes de apertura.
- Pruebe un producto nuevo en una zona del tamaño de una moneda dos veces al día durante siete a diez días antes de aplicarlo en la cara.
Preguntas frecuentes
¿Los ingredientes de un cosmético se enumeran por orden de concentración?
Según el Reglamento de cosméticos de la UE, se enumeran por orden decreciente de peso en el momento en que se incorporan al producto, pero solo hasta el 1 %. Los ingredientes por debajo de ese nivel pueden aparecer sin orden después de los demás, y los colorantes pueden agruparse al final. La posición, por tanto, compara entre sí los ingredientes principales y dice poco de los minoritarios.
¿«Hipoalergénico» significa que un producto no puede causar alergia?
No. La FDA estadounidense indica que no hay ninguna norma ni definición federal para el término y que significa lo que la empresa quiera. Las orientaciones europeas solo admiten la reivindicación en productos diseñados para minimizar el potencial alergénico, con pruebas, y precisan que no garantiza la ausencia total de riesgo. Quien tenga una alergia diagnosticada debe seguir leyendo la lista de ingredientes.
¿Qué significa el símbolo del tarro abierto con un número?
Es el plazo después de la apertura: el tiempo, en meses o años, durante el cual el producto puede usarse con seguridad una vez abierto. Las normas de la UE lo exigen en los productos que duran más de 30 meses sin abrir, que no tienen que llevar fecha de duración mínima. La cuenta empieza el día en que abre el envase por primera vez, de modo que conviene anotar esa fecha en él.
¿Qué quiere decir «testado dermatológicamente» en un cosmético?
Según el documento técnico de la UE sobre reivindicaciones cosméticas, implica que el producto se ensayó en personas bajo la supervisión de un dermatólogo, para comprobar la tolerancia o un efecto concreto. El consumidor tiene derecho a esperar que los resultados fueran favorables. La etiqueta no tiene que indicar el número de voluntarios, su tipo de piel ni la duración del ensayo, así que la reivindicación no puede predecir su propia reacción.
¿Cómo puedo probar en casa un producto nuevo para la piel?
La Academia Estadounidense de Dermatología aconseja aplicar la cantidad habitual en una zona del tamaño de una moneda, en la cara interna del brazo o el pliegue del codo, dos veces al día durante siete a diez días. Si la piel sigue tranquila, empiece a usar el producto. Si aparece enrojecimiento, picor o hinchazón, retírelo y deje de usarlo, y acuda a un dermatólogo si la reacción es intensa o no consigue averiguar la causa.
