Una etiqueta sobre media Asia
En 1570 se publicó en Amberes el Theatrum Orbis Terrarum de Abraham Ortelius, el primer atlas moderno. Una de sus hojas lleva un título enorme: «Tartariae sive Magni Chami Regni typus», es decir, «Tartaria, o el reino del Gran Kan». Una tierra se extiende desde el Volga y el Caspio hasta el Pacífico, con el propio kan dibujado en una tienda. En su borde oriental, al otro lado de un estrecho que nunca existió, aparece California.
Hoy el mapa circula con un pie de foto: «Aquí está el imperio que te ocultaron». La Gran Tartaria, dicen los autores de los vídeos, fue una civilización con energía gratuita, fortalezas con forma de estrella y palacios, hasta que un «diluvio de barro» la barrió y los libros de texto callaron. La gente busca el «mapa de Tartaria» y el «escudo de armas de Tartaria», y encuentra imágenes que dejan sin aliento.
Los mapas son auténticos. El imperio no aparece en ellos. Para ver la diferencia basta con leer las inscripciones.
Qué significaba realmente la palabra
Tartaria no era el nombre de un Estado. Era una etiqueta que Europa puso a tierras de las que apenas sabía nada. Nació en el siglo XIII, tras las invasiones mongolas. A los recién llegados se los llamó «tártaros», y la «r» de más se coló al mezclar la palabra con el Tártaro, el inframundo de tormento de la mitología griega. Es muy improbable que los propios pueblos de la estepa llamaran a sus tierras Tartaria, señala la Biblioteca del Congreso.
Los cartógrafos llenaban el vacío con la palabra. En la hoja de Ortelius se extiende del Volga al Pacífico. En el mapa de Nicolaes Visscher de 1657 ocupa el norte y el centro de Asia, sin fronteras ni regiones coloreadas. Más tarde se dividió en Tartaria china, independiente, moscovita y Pequeña Tartaria, y para 1885 los mapas mostraban en su lugar el Turquestán, Mongolia y Manchuria.
La Enciclopedia Británica de 1771, tan citada por los creyentes, dedica a Tartaria 77 palabras: «un vasto país en la parte septentrional de Asia». Es una nota de referencia sobre geografía y pueblos, no la historia de un poder.
De dónde salió el «imperio borrado»
La primera versión nació fuera de internet. Desde los años setenta y ochenta, el matemático moscovita Anatoli Fomenko y su coautor Gleb Nosovski construyeron una «Nueva Cronología»: según ellos, la historia registrada es mucho más corta de lo que se enseña, y la Eurasia medieval fue un solo Estado, una «Horda rusa» que vincularon con la Gran Tartaria. Los historiadores rechazaron sus métodos ya en 1982, y entre 1999 y 2002 la polémica se libró en las páginas del Boletín de la Academia Rusa de Ciencias.
La segunda vida empezó hacia 2016. Los primeros vídeos del «diluvio de barro» aparecieron en YouTube en agosto de 2016, y según Google Trends el interés real despertó a finales de 2018. La Tartaria salió de los libros gruesos y pasó a las imágenes: sótanos enterrados hasta las ventanas, calles vacías en fotografías antiguas, los palacios de las exposiciones universales. Por el camino, el contexto ruso casi desapareció.
El recurso favorito de la teoría es mostrar un edificio hermoso y preguntar: «¿Quién pudo construir eso en el siglo XIX?». Casi siempre hay respuesta, y está en un archivo.
El escudo de Tartaria: qué se dibuja en realidad
El Estado de Tartaria no tiene escudo de armas, porque nunca existió tal Estado. La imagen que se hace pasar por uno la dibujaron grabadores holandeses. En las tablas de banderas de Carel Allard, de finales del siglo XVII y comienzos del XVIII, la «bandera del rey de Tartaria» es un estandarte amarillo con una serpiente alada negra, y otra bandera «tártara» muestra un búho negro. Los estudiosos de banderas consideran que estos dibujos son, con toda probabilidad, fantasías sobre los estandartes del Gran Kan.
Los mapas de Tartaria son reales: se conservan en la Biblioteca del Congreso y en otras colecciones, y están al alcance de cualquiera. Por eso la respuesta a la «historia de Tartaria» es más corta de lo que quisieran los amantes del misterio: no es la historia de un poder perdido, sino la de cómo Europa pasó siglos poniendo un solo nombre a todo lo que no conocía.
Qué contiene el expediente
El expediente bajo llave lee la hoja de Ortelius inscripción por inscripción, pone frente a frente tres entradas de la Britannica impresas con 89 años de diferencia y muestra exactamente lo que respondieron a Fomenko y Nosovski los historiadores, los lingüistas y la Academia de Ciencias. También reúne los documentos que ponen a prueba cada «pista», desde la Ciudad Blanca que ardió en Chicago hasta las calles que la ciudad elevó con gatos de husillo. Y explica de dónde sacó la imagen de la serpiente negra la etiqueta de «escudo de armas».
